Sobre la Planificación y Gestión de Gobierno (aproximaciones)

Hablar de la planificación y gestión de gobierno es muy extenso y complicado, más cuando se considera el deber ser en comparación con la realidad, además que para el que se anima a escribir suele ser un verdadero reto, por lo que la intención en estas líneas es lograr una aproximación entre la experiencia de su autor y ese complicado mundo de la planeación, para tal fin partiremos de la ideas más concreta dentro de la técnica de planificación; el programa presupuestario.

Un programa, es un conjunto de elementos que deben ser integrados de forma que al final produzcan un resultado que pueda ser medible, la cadena de valor (Porter, 1985) principia con la definición de insumos que mediante una serie de actividades son transformados en subproductos, mismos que integran el producto el cual ha sido planteado como solución a un problema identificado, mediante una fase previa de diagnóstico y diseño (SEGEPLAN, 2013).

Desde una perspectiva eminentemente financiera diremos que un programa es la posibilidad que existe de financiar y hacer viable una actividad o producto; por lo tanto inferimos que toda actividad o producto que no corresponda a un programa determinado simple y sencillamente no existe, además que este dependerá también de la aprobación política a través del Presupuesto de la Nación.

Ahora bien la concepción y diseño de los programas presenta dos problemas; el primero que se relaciona con los actores que convierten cada planteamiento en una política pública, nos referimos al conductor político, la sociedad beneficiada y el sector empresarial (Villanueva, 2006) y por otro lado el alineamiento técnico que es requerido a los planificadores de cada sector.

Idealmente se pensaría que cada nuevo gobierno debería hacer el trabajo de recoger las inquietudes de la sociedad y las posibilidades del empresariado sobre la base del perfil ideológico que identifique al partido político en cuestión, por lo que sería lógico esperar de dicha plataforma el conjunto de programas que darían forma a la propuesta de Plan de Gobierno, siempre y cuando este consiente de lo siguiente.

La institucionalidad y el servicio público disponible, que acumula conocimiento, experiencia y está en posición de materializar las intenciones políticas y que además administra y gestiona programas ya existentes, lo que los convierte en una especie de contrapeso a las orientaciones políticas que cada tiempo son relevadas con cada nuevo gobierno, de lo contrario se produciría una especie de shock que terminaría por afectar la infraestructura, servicios y demás posibilidades de la Nación.

Entonces, el acomodamiento y alineamiento político que puede hacer viable la gobernabilidad, seguridad y desarrollo, requiere: operadores políticos, técnicos profesionales y tiempo; comenzaremos con el tiempo (Beaufre, 1965) y no necesariamente con el tiempo que se requiere para alcanzar los objetivos, porque si antes no consideramos el tiempo necesario para implementar los cambio o ajustes a los programas lo segundo no tendrá sentido.

Lo cual nos lleva a considerar los periodos presidenciales, los ciclos de planificación, las leyes y reglamentos que regulan dicha actividad; veamos, se recomendaría que en cuanto a los periodos presidenciales estos fueran de seis (6) años porque con cuatro años la posibilidad de conducir proyectos se limita a dos años efectivos, si consideramos que durante el primer año la nueva gestión se encuentra con un presupuesto planificado por el anterior responsable.

Lo cual obliga a un realineamiento mínimo, debido a la carga de modificaciones presupuestarias en cada caso, los que requieren por lo menos tres meses o más, lo cual podría llegar a paralizar la gestión en general; no quedando más alternativa para los planificadores y gestores que poner todas sus fuerzas y energías en el siguiente año para lo cual tendrán escasos cuatro meses según se norma en la Ley Orgánica del Presupuesto (Guatemala, 2016); por otro lado el último año de gobierno es electoral lo cual distrae la atención principalmente de los legisladores en donde está concentrado gran parte del poder de gestión, más la perdida de cuadros en el ejecutivo, quedan entonces dos años.

Por tal razón extender el periodo presidencial y legislativo a seis años, ampliaría la posibilidad de gestión a cuatro años como mínimo, mejorando las posibilidades de éxito de cada programa en un 100%; discutido este punto volvamos a los partidos políticos y al servicio público; ambos carecen en mayor o menor grado de una masa crítica que realice el proceso de planificación, razón por la cual cualquier propuesta política debería incluir dentro de su oferta este proyecto.

En palabras de Francis Fukuyama esto es parte de la construcción del Estado Moderno (Fukuyama, 2004) en donde se aclara que dicho proceso incluye la adaptación de la institucionalidad disponible, argumento que defiende también el Profesor  Luis Aguilar cuando dice que “Una buena gobernación y AP consiste justamente en la capacidad de administrar el cambio, de conducirlo y acompasarlo, de saber cuáles materiales (formas organizativas, esquemas directivos, cuerpos normativos, ideas, procesos laborales….) ya dieron de si y cuales merecen ser revalorados y reelaborados porque encierran todavía nuevas posibilidades y alcances”.

¿Porque adaptar y no comenzar de cero? Por la sencilla razón de que los problemas actuales no pueden esperar o quedar en suspenso hasta que el Estado esté listo, tarea que podría llevar hasta veinticinco años, esto demanda dentro de la etapa de análisis una evaluación del capital humano, de los procesos y de los recursos disponibles para poder determinar en qué áreas de la planificación y la gestión se debe contratar a técnicos profesionales que garanticen el funcionamiento del gobierno.

Lo cual nos lleva a reflexionar acerca del liderazgo que puede abarcar a los llamados operadores políticos ¿cuál debe ser el perfil de los que deban hacerse cargo de la vital tarea de planificación y principalmente de la gestión?, entendiendo que los procesos de planificación pueden estar delegados en algún funcionario de menor rango lo cual no ocurre con la gestión.

Por su lado la gestión está más asociada a la estrategia, porque busca que las cosas sucedan, imprime acción a partir de los planteamientos dentro del proceso y que estos den la pauta para actuar, tiene que ver con la construcción de condiciones para que los documentos de planificación no sean solamente buenas intenciones sino se conviertan en acciones; se trata de estrategizar.

Finalmente el éxito de un Plan de Gobierno se medirá por sus resultados, los cuales dependerán de la habilidad que posea el liderazgo de integrar los resultados de los variados programas presupuestarios, del convencimiento y de la guianza para con los funcionarios involucrados en su cumplimiento y del involucramiento de los actores públicos que legitimaran las propuestas.

Respecto a la posibilidad de contar con una metodología, lo comentaremos en otra oportunidad.


Erwin Fernando Alvarez Aguilar
Maestro en Seguridad Nacional
Y Experto en Planificación Estratégica

Bibliografía

Beaufre, A. (1965). Introducción a la Estrategia. Madrid: Instituto de Estudios Politicos de Madrid.
Fukuyama, F. (2004). La Construcción del Estado . Barcelona: S.A Ediciones B.
Guatemala, C. d. (2016). Ley Organica del Presupuesto. Guatemala: Congreso de la Republica de Guatemala.
Porter, M. (1985). Competitive Advantage: Creating and Sustanining Superior Performance. New York: The Free Press a Division of Simon & Schuster Inc.
SEGEPLAN, G. d. (15 de enero de 2013). Planificación Institucional Orientada a Resultados de Desarrollo. Guatemala, Guatemala, Guatemala.
Villanueva, L. F. (2006). Gobernanza y gestión pública. Mexico D.F: Fondo de Cultura Economica.




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